Siempre pensé que las letras eran mis más leales compañeras, pero en esta ocasión se esfuman, me han abandonado, en mi mente existen solo caras, mi cuerpo siente una adrenalina distinta y un nudo en la garganta. Sí la razón es sencilla, plasmar un bello texto abriendo el corazón a lo que fue, a la transformación y los puntos seguidos. No llegan las palabras adecuadas para comenzar el viaje a la fantasía, con un toque de poesía, sin reglas, sin destino, pero con la firme intención de agradecer el destino, la coincidencia, el ser parte de mi pasado, que hoy vive en mí, llamado ausencia, mi amor más sublime, mi eterna compañía.

El otoño ha pintado esta estación de colores naranjas y lunas hermosas, podría decir que los años volaron, que cada día se escribe una historia, pero vamos a retroceder en el tiempo.

Noviembre del 2008

Era un día soleado, un domingo como aquellos de mi infancia en casa jugando con los primos, comer juntos y con unas monedas el día era perfecto. En la edad adulta solía estar siempre contigo, acompañarte en tus días difíciles admirando esa valentía que en vida te caracterizo, nunca exprese con palabras mi afecto, lo hice a mi manera, solo devolviendo un poco de lo que me diste, esas platicas de niño cuando recurría a ti, para entender la vida, algunas veces no encontré lo que busqué, pero me hablaste con la verdad, “solo el que no nace no muere” y sobre otros temas, te escuche mil veces y tus historias, aprendí mi árbol genealógico gracias a ti. Sin pensarlo disfruté de tu compañía, esa era nuestra última comida, y sin saberlo te pregunte como siempre, me despedí con la intención de regresar más tarde, me diste la bendición respondí - voy a regresar y partiste minutos después.

Enero 2010

Días después de mi cumpleaños, un lunes por la noche en el cielo brilló una nueva estrella que se apagó aquí en la tierra, mire tus ojos una noche antes, sin imaginar que sería nuestra última vez, los cerré diciéndote descanse. Tantas pláticas interminables de política, religión y desacuerdos en el trabajo, regaños quedaban atrás, esa noche fue la más fría del invierno, el dolor tocó mi puerta tan fuerte , que experimenté el perderme en la negación de lo que sucedía, después del funeral un golpe de realidad me hizo comprender que no había vuelta atrás, lloré como un niño, había llegado la separación de esa persona que era mi todo, mi protector, amigo, y abuelo, Qué vendría después... No supe, continúe con la vida pero fue imposible sostenerla , tanto que perdí el timón de ese carácter fuerte, la armadura y coraza cayeron para verse en el espejo finalmente, un ser que sentía y en corto tiempo se quedó sin las personas más importantes de su vida.

Es momento de contarles, terminé mi carrera, seguí trabajando, conquistando mis sueños, me enfrente a ese duelo que se prolongó por años, deje de visitar su casa porque los recuerdos dolían, me protegí del recuerdo tanto como puede. No concebía que su vida, su compañía, todo aquello que me enseñaron ahora solo podía verlo en una fotografía. Abuela me encargaste ser feliz y te fallé tantas veces, creo que la mayor felicidad es estar en paz, que los momentos son fugaces, quisiera hoy honrar su vida con el ejemplo de valentía, fe, amor a Dios que en vida fui testigo. Al principio soñarlos era tristeza por qué solo podíamos encontrarnos ahí, a la mañana siguiente al despertar sabía que su partida era verdad, vivir con el recuerdo, pidiéndole a mi mente atesorar cada imagen, palabras y su cara para estar juntos ahora de esta manera, ya que físicamente no volveremos a vernos, mis oídos no escucharan esas platicas. El tiempo me ayudó a entender que todo esto paso, el pasado me dejo una niñez feliz, una adolescencia acompañado, pasando a mis primeros años de juventud caí en cuenta que todo estaba bien y los años compartidos los llevaré hasta el final de mis días.

La vida siguió su curso, días soleados perfectos para mirar al horizonte con optimismo, otros más llenos de tormentas, que el amor se puede apreciar en las cosas sencillas, que requiere compromiso, acompañar y consolar, que los momentos son efímeros dejando una huella, el tiempo no se detiene y cada día vivido nos acerca al momento de partir de este mundo, confieso que la vida cambió con su partida, la casa familiar dejo de serlo, cada quien voló por caminos distintos.

Enero 2021

Cumplí 35 años, ya habían pasado los primeros meses de la pandemia que puso al mundo de cabeza todo cambió, la fragilidad de la vida acentuó nuestros días, ese miedo nos invadió y llegó lo temible, el 23 enero, tres días después de mi cumpleaños el cual paso triste, la enfermedad de la tía se agravó y esa madrugada volví a ver esos ojos del adiós, tus últimas palabras, y suspiro del cual se apagó frente a mi su vida, Esperanza. Recostarme en tus hombros aun en tu silla de ruedas era mi lugar seguro para platicarte de cómo me trataba la vida de adulto, mis ocurrencias y todo lo que me gustaba compartir contigo, esas ricas comidas que hacías, pasarían al recuerdo, la fragilidad me invadió otra vez, sentía ese dolor, las lágrimas brotaron, regrese a casa triste, emprendiste tu viaje al cielo frente a mi. Esa madrugada me volvía a sentir solo, el motivo era evidente, fuiste la persona que más me demostró su afecto reciproco, y aun cuando la demencia te permitió conocerme me advertías que no habría nada malo en ser así, no te engañé, sin decir una palabra, me entendiste siempre y afronté que olvidaras mi nombre, pero yo el tuyo jamás, el vivir ahora con recuerdo y al escribir estas letras vino a mi mente una anécdota que jamás conté; me empujaste para atreverme a andar en bicicleta, los días practicando por fin culminaban, solo eso basto para aprender por fin, sentir confianza. Recorrí la calle con una sonrisa, tú me observaste, y así hubieron más momentos, siempre era grato acompañarte, festejar tus cumpleaños el 15 de julio desde que tuve conciencia, era un día para agradecer tu vida.

Marzo 2022

se apagó la última estrella de mis ancestros, con 15 días antes de tu cumpleaños 104, mi abuela materna regresaba a casa, una vida de trabajo, lucha y muchas anécdotas por contar, era momento de atesorar cada consejo, esas risas, ese carácter fuerte de un matriarcado de 3 hijas, 19 nietos, 24 bisnietos, quien la adversidad tocó su vida, carencia, pero una afortunada salud, sin visitar un hospital, ni enfermedad crónica, dejo como huella el vivir sin pensar en el mañana, su riqueza no fue material, fue de fe en Dios, que provee, vio partir a su hija en 2020 que extrañó hasta sus últimos momentos.

Llegamos al final de este recuento, con los ojos llorosos, con sentimientos encontrados por las vivencias aquí plasmadas en esta primera carta con destino al cielo, con agradecimiento, nostalgia, de este remitente que encuentra en las letras, la mejor manera de expresar los sentimientos de la vida. Recordando a esos seres queridos que hoy físicamente no están, lo acompañan en cada triunfo, cuando volteo al cielo para contarles que estoy feliz, escucharlos en sus canciones preferidas, ver un atardecer, en una noche de estrellas pensar su nombre, dejar en el corazón lo mejor de esta coincidencia, decirles también que olvidar me resulta complicado, que extrañar es parte del afecto del ayer, la nostalgia de la ausencia del hoy, de un amor que se trasforma sin duda alguna.

Noviembre

Cartas al cielo

Noviembre del 2025/ Adán Delgadillo trinidad

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