Me siento aterrado, el aire retumba en mis pulmones y, al exhalar, parece que me ahoga. Mi corazón late, su ritmo se acelera, me impide estar tranquilo, quieto.

Algo dentro mí sucumbe en silencio, se desploma en apariencia, permanezco inmóvil cuál estatua.

Mis ojos desenfocados parecen incapaces de observar con claridad, lo veo todo y al mismo tiempo nada.

Por más que quiero pensar en una sola cosa, mis intentos son inútiles mi mente divaga entré un mar de posibilidades y ninguna certeza.

Soy una presencia que no habla, un vacío que no se llena, una mente inquieta, a la espera de un final que resulta inevitable.

El paso del tiempo constante, me recuerda que la hora se acerca, la percibo como a un verdugo, y me siento al asecho. Cautivo, como una presa que observa a su depredador, antes de ser devorada.

Cuando la hora llegué, lo que siempre ha sido, será visible y transparente.

La luz despojara a los objetos de sus sombras, no habrá nada que pueda ocultarse.

¿Hacia dónde dirigir la mirada en tales condiciones?

Tengo miedo

10 de noviembre/Alfonso Martínez/Estaciones

Otoño dice…

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