Fue una semana distinta, entre la despedida, mis actividades y lo ocurrido ayer por la noche. Confieso que recibir la carta de Amaral me dejo desconcertado, pensé que nuestra relación tenía futuro, imaginé mi graduación a su lado. Ahora no sé que vaya suceder, espero sea un impulso de su parte, estaré al pendiente por si cambia de opinión. Me costó la primera noche conciliar el sueño, miles de ideas me perturbaron, todas en torno a qué será de mi vida sin la compañía de ella. Por la mañana continué con las actividades de la universidad, que últimamente han estado complicadas. Va iniciando el semestre, sólo fui a entrenar un día, siento que he descuidado los entrenamientos y, como líder del equipo de baloncesto, debo dar ejemplo de disciplina y constancia, pero, me cuesta seguir con mi rutina. Mis compañeros me hacen comentarios de que me veo triste, esta semana a nadie le conté que ya no tengo novia. Aunque en casa mis papas me preguntaron cómo estaba todo, tuve que responder que bien. Se les hizo extraña mi presencia en casa un sábado, así que preferí escapar, no dar más detalles.
Bueno, escapar no fue, no quise seguir la plática, lavé mi moto para salir a dar un paseo. Había terminado de llover y quedarme en casa no era la mejor opción. Tomé mi chamarra negra, me puse perfumé y estuve dando la vuelta por las calles de mi poblado, tenía años sin hacerlo. Desde que me fui estudiar, los fines de semana los dedique a la relación, a pasear con ella, a visitar algún museo o quedarnos en casa haciendo nuestras tareas escolares o convivir con nuestros amigos. Mientras paseaba en moto, el viento golpeaba mi cara, sentí un golpe de realidad, esos fines de semana habían quedado atrás. Al caer unas gotas de lluvia sobre mi cara, solté unas lagrimas también, me permití llorar por ella.
Estacioné mi moto frente al bar, el ambiente se miraba acogedor, y decidí entrar a tomar algo, quizás un tequila o una cerveza me ayudarían a estar tranquilo, la música era agradable y aunque estaba solo, me sentí seguro. Pude observar varios grupos de amigos, felices de compartir, festejar o simplemente beber. Hubo un grupo en especial que llamó mi atención, no recuerdo cuántas personas eran, pensándolo bien, creo, se percataron de que los observe. Aunque por varios minutos cruce miradas con uno de ellos, los demás siguieron en su ambiente, de hecho, me acerque a saludar y preguntar su nombre, se llama Emiliano. Es un joven o es adulto, no lo sé, cuando lo salude parecía tímido, reservado y solo sonería. La platica empezó a fluir entre los dos, nunca hablo con gente ya mayor pero, debo reconocer que su atención y, esos ojos atentos a mis movimientos, su cara expresiva me despertó curiosidad. Intercambiamos números para seguir la conversación, me despedí de él con un “hasta luego”.
De regreso a casa el trayecto fue ligero, listo para platicar con mis padres, si volvían a preguntar del tema. Eran las 3 am cuando me dispuse a dormir. Por la mañana me sentí mejor, de buen humor, preparé mis cosas y una maleta, por la tarde regresaría a la ciudad y continuaría con mi vida “ normal”. Claro, sin ella pero, debía seguir mis planes. Le escribí muy temprano a Emiliano quien resulto ser buen conversador, me respondió atento, y se prolongó la plática durante todo el día hasta antes de salir de casa. En el camino y hace unos momentos nos despedimos, me siento de buen humor, a partir de hoy volveré a escribir en este diario, que he descuidado tanto y nadie conoce de su existencia. Ya dormiré, buenas noches.
Tadeo!!
Domingo 15 Marzo 2020
10 de Noviembre/ Adán Delgadillo Trinidad/ Un diario sin destino
Un Diario sin destino
